Entre las diversas artes de la adivinación que conocemos, existe la llamada Numerología, que es el arte expresado a través de los números, los cuales representan ideas arquetípicas. Son números que simbolizan principios universales y encierran en si mismos la evolución de todas las cosas, pues poseen un orden que abarca desde lo más ínfimo como ser un átomo, hasta la misma inmensidad del universo.
Si hablamos de los comienzos de la numerología, tenemos que decir que existen escritos que la mencionan en casi todas las civilizaciones antiguas, y se sabe que su paso al mundo occidental se debe al gran matemático y filósofo griego Pitágoras que vivió en el siglo VI A.C. Sabemos además que Pitágoras hizo muchos viajes a Oriente en busca del Conocimiento Superior, y que a su regreso fundó numerosas hermandades entre las que, se enseñaba la numerología en relación al comportamiento y las vivencias humanas.
También se afirma que ya en las muy avanzadas civilizaciones de la antigua región mesopotámica (ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates) los eruditos se dedicaban a tratar de encontrar relaciones entre los números y los dioses.
Por otro lado, los egipcios fueron grandes matemáticos, y sabían utilizar los números para considerar ventajosamente cualquier tipo de proyecto material que se dispusieran realizar y comenzaron a relacionar a muchos de sus dioses con determinados números y, más aún, con la capacidad misma de concebir dichos símbolos. De esta manera, lo que hasta esas épocas era considerado como algo “vacío” de significado, comenzó a entenderse como una esencia humana; estudiar los números era estudiar la concepción que la humanidad tiene de sí misma y de aquello que la rodea.
Una de las civilizaciones que más se destacó en este sentido fue Babilonia, que además de aplicar el poder de los números a los cálculos de todo tipo, comenzó a estudiar de qué manera se interrelacionaban los números con el cielo y, a partir de ello, con los dioses.
A través de esta ciencia antigua podemos entender y comprender cómo funciona esto que llamamos universo, en todos sus aspectos, ya que gracias a las analogías podemos establecer relaciones muy directas.
El número (cualquiera que sea) es siempre un símbolo. De un modo o de otro, ya sea que se lo aborde desde la matemática o desde la numerología, a creación de números implicó -e implica- en la humanidad la capacidad de abstraer y razonar.
Expertos en esta ciencia, afirman que la numerología, aparte de posibilitar una lectura de carácter y personalidad increíblemente exacta, nos enseña a usar las vibraciones numéricas para cambiar los aspectos más conflictivos de nuestra personalidad y nuestro destino de acuerdo a las vibraciones que aparecen en nuestro cuadro numerológico. Nos enseña a actuar en los momentos más apropiados para aprovechar las vibraciones positivas, y a moderar nuestras actividades cuando las vibraciones no son propicias. En otras palabras, nos enseña a sintonizar nuestras vibraciones con el ritmo cósmico, y a vibrar en armonía con el Infinito.
Se dice que la numerología como arte, es una ciencia que nos puede indicar cuál es el camino que debemos tomar y cuál sería la mejor estrategia para encontrar la felicidad, a partir de que descubramos los dones que Dios puso en nuestras manos o en nuestros nombres, ya que no sólo estudia los nombres, también estudia las fechas de nacimiento en la cual encontramos detalles acerca de nuestro destino.
El símbolo de los números aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y los textos bíblicos de Ezra, Excequiel y Enoch contienen revelaciones sobre el Conocimiento Secreto y el significado místico de los números y las letras.
A continuación tenemos los significados básicos:
El Nº 1: este número representa el Padre, el Dios Creador, en casi todas las culturas y religiones antiguas.
El Nº 3: representa la Trinidad en la cultura babilónica: ANU el cielo, BEL la tierra y EA el agua.
En la India representan a BRAMA la Creación, VISHNU el poder conservador y SHIVA el poder destructor.
Para los hebreos simboliza las 3 plagas que pasó David.
Para los griegos y romanos tenía sentido religioso. Repetían tres veces las palabras místicas, hacían tres libaciones en sus ceremonias litúrgicas en las que sacrificaban tres animales.
Y en el cristianismo ha sido un número muy importante. Representa en primer lugar la Santísima Trinidad, las tres tentaciones de Jesús, los tres días que permaneció Jesús en el sepulcro, y también la triple tentación que venció San Pablo mediante tres oraciones.
El Nº 4: este fue un número importante en la cultura piel roja, ya que representa los cuatro puntos cardinales.
Para los antiguos babilonios, egipcios y hebreos tenía el mismo significado.
El Nº 7: es un número importante en la cultura hebrea que habla de las siete islas, los siete cielos, las siete montañas, los siete altares y los siete pares de animales que Noé introdujo en el Arca por orden divina.
En el cristianismo representan los Siete Sacramentos y los siete dones del Espíritu Santo.
Tiene también importancia metafísica y astrológica, siete eran los únicos planetas considerados antiguamente, siete los días de la semana, siete los malos espíritus y siete las murallas que separaban al mundo inferior.
El Nº 10: fue importante para el cristianismo que nos habla en primer lugar de los 10 Mandamientos.
las diez plagas de Egipto y para los hebreos recordaba las diez tiendas del Tabernáculos y los diez cuernos de la Bestia Apocalíptica.
El Nº 12: tiene también significado astrológico ya que representa los 12 signos del Zodíaco, los 12 meses del año, las 12 horas del mediodía y las 12 puertas del Paraíso.
El Nº 40: es importante para las culturas hebrea y cristiana, y nos habla de expiación y purificación. 40 años de los hebreos en el desierto, 40 días de Moisés en el Sinahí y los 40 días de ayuno de Jesús.
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